domingo, 23 de diciembre de 2007

Guía de Turismo Recibida


Este sábado me recibi de GUIA DE TURISMO, asi que ya puedo ejercer tranquilamente en la Ciudad de Buenos Aires y En todo Zona Norte, aunque podría también en el resto del país...

La primera vez que la carrera de Guia de Turismo pasó por mi cabeza, fue en una visita guiada al Teatro Colón, a mi siempre me gusto todo lo relacionado al arte y la cultura general, y la guia de ese día sabía tanto de todo...

Así que por eso hoy hablemos del Teatro Colón.
Ubicación: Cerrito 618 - Ciudad de Buenos Aires - Argentina

Antecedentes de la actividad musical en Buenos Aires
Los espectáculos teatrales en Buenos Aires se iniciaron a fines del siglo XVIII. En tiempos del Virrey Vértiz, se construyó el Teatro de la Ranchería, en la esquina de Perú y Alsina. Allí se estrenó, en 1789, la primera versión de Siripo de Manuel José de Labardén. Como complemento de los dramas y comedias, se ofrecían tonadillas –como se hacía en España– que cantaban las actrices y los actores con acompañamiento de guitarra y concluían con el baile de boleras y seguidillas. El Teatro de la Ranchería, o Casa de Comedias, fue destruido por un incendio en agosto de 1792. Hasta la construcción del Teatro Coliseo en 1804, Buenos Aires permaneció sin teatro, pero la actividad se realizaba en cualquier lugar adecuado y accesible a la concurrencia. Las primeras manifestaciones de teatro lírico comenzaron a principios del siglo XIX. Después de la Revolución de Mayo, se inició una intensa actividad musical. Antonio Picassarri –pianista, cantante y director de orquesta– introdujo el canto operístico y sobre la década del ’20 llegaron los primeros artistas europeos.Recién en 1825, se formó la primera compañía lírica y pudo ofrecerse en Buenos Aires una ópera completa, Il barbiere di Siviglia. Los problemas políticos del gobierno de Rosas alejaron a los artistas, pero, a partir de 1848, la actividad cobró nuevo impulso. Las representaciones se realizaban en el Teatro de la Victoria, en el Teatro Argentino y en el modesto Teatro Coliseo. Las temporadas incluían títulos de Verdi, Bellini, Donizetti, de acuerdo con la moda imperante en Europa.

El primer Teatro Colón
El 27 de abril de 1857, se inauguró el primer Teatro Colón, con una puesta de La traviata. Estaba ubicado frente a la Plaza de Mayo, en la esquina sudoeste de la manzana comprendida entre Rivadavia, Reconquista, Bartolomé Mitre y 25 de Mayo. Los planos fueron confeccionados por el Ing. Carlos E. Pellegrini –padre del futuro Presidente de la República–. Su capacidad estaba calculada para 2.500 personas. En la construcción del primitivo Colón se utilizaron, por primera vez en el país, tirantes y armazones de hierro. La multitud de candelabros y la araña central de 450 luces eran alimentadas a gas. El escenario, el más amplio que se construyera hasta esa fecha, estaba dotado de todos los elementos necesarios para las grandes puestas escenográficas.En sus tres décadas de existencia, el antiguo Teatro Colón, que debió cerrar sus puertas en 1888 para transformarse en la sede del Banco de la Nación Argentina, presentó a los más famosos cantantes de la época – Enrico Tamberlick, Giuseppe Cima, Sofía Vera-Lorini, Giuseppina Medori, Federico Nicolao, Julián Gayarre, Adelina Patti y Francesco Tamagno– y desarrolló un repertorio que aún hoy sigue llamando la atención por su amplitud y eclecticismo y que incluía estrenos de óperas alemanas, que eran cantadas en italiano, tal como ocurría en algunos países europeos.

El actual Teatro Colón
Cuando el antiguo Teatro Colón realizaba sus rutilantes temporadas líricas, el Teatro de la Academia de Música de Nueva York, activo en su sede de la calle 14 desde el año 1849, y la desaparecida la Ópera Metropolitana de Broadway, nacida en 1883, realizaban temporadas líricas limitadas, virtualmente, al repertorio alemán, que resultaba económicamente más viable que las óperas con estrellas vocales de Italia, España y Francia. Hacia fines del siglo pasado, las óperas italianas y francesas que se representaban en ambos teatros neoyorquinos solían ser cantadas en alemán con artistas de ese origen. Todo ello establecía un fuerte distingo entre las actividades operísticas porteñas, que se realizaban paralelamente en varias salas, y las de Nueva York, distingo que se acentuaba por la diversidad del repertorio abordado por nuestros teatros líricos y por la envidiable calidad de sus intérpretes. El actual Teatro Colón nace, por lo tanto, de la imperiosa exigencia de una sociedad que desde el temprano siglo XIX ha consagrado a la ópera como su manifestación musical predilecta. El gusto por esa suprema invención del tardío Renacimiento, había alcanzado en Buenos Aires a fines del Ochocientos un auge deslumbrante, al punto de que siete teatros rivalizaban en calidad de oferta. Pero el inesperado cierre del Teatro Colón de la Plaza de las Victorias había quedado en el espíritu de la sociedad como una herida abierta que no lograba mitigar la fascinante actividad que se desarrollaba en los otros teatros y que hacía de la lejana Buenos Aires uno de los notables centros líricos del mundo entero. La prosperidad de esta capital alimentaba las esperanzas de la gente y del propio gobierno, que no hacía oídos sordos a ese clamor. Por lo demás, el proyecto de construír un teatro que reemplazara al primitivo Colón había sido materia de debate antes de que el edificio de este último fuera destinado a las actividades bancarias. Ya en esa época los terrenos que ocupaba la estación Parque del Ferrocarril Oeste (y en los que en definitiva se elevó el nuevo teatro) estaban en la mira del Concejo Deliberante de la ciudad. El mismo año del cierre del Teatro de la Plaza de las Victorias, el 20 de octubre de 1888, era sancionada la ley que llevaba el número 2381, por la cual se llamaba a licitación pública para construír el nuevo teatro. El propósito de las autoridades era inaugurar el nuevo Colón antes del 12 de octubre de 1892; pero, como sabemos, ello no fue sino una ingenua expresión de deseos, pues, si bien los trabajos se iniciaron en 1889, desde la fecha en que fue dictada la ley y la inauguración del nuevo teatro transcurrieron veinte años. Dificultades presupuestarias, técnicas, políticas, meramente burocráticas y otras de diverso género fueron anudándose en ese prolongado lapso. Finalmente, la obra dio comienzo según el proyecto del arquitecto Francisco Tamburini, a cuyo inesperado fallecimiento entró en escena su más cercano colaborador y colega Víctor Meano, quien hubo de introducir algunas modificaciones en el proyecto original, que ya habían sido estudiadas por su autor. Refiriéndose a la arquitectura del nuevo teatro, Meano la definía de este modo: “Este género que no llamamos estilo por demasiado manierado, quisiera tener los caracteres del Renacimiento italiano, alternados con la distribución y solidez de detalle de la arquitectura alemana y la gracia, variedad y bizarría propias de la arquitectura francesa”. En esta dirección fue realizándose la obra hasta 1904, año en que otro infausto acontecimiento enlutó el teatro en ciernes: la muerte del arquitecto Meano, bajo cuya dirección la obra avanzaba firmemente en pos de las postreras etapas. La tragedia parecía acechar este proyecto, pues también había fallecido Ángel Ferrari, entusiasta empresario italiano, concesionario del nuevo Colón.
El eminente arquitecto belga Jules Dormal asumió entonces la responsabilidad de llevar a buen término la obra, en la que introdujo algunas modificaciones estructurales y dejó definitivamente impreso su sello en el estilo francés de la decoración. La imponente construcción resume las reglas y las tendencias arquitectónicas de la época. No podría darse síntesis más acabada del eclecticismo con que fue encarada la arquitectura del Teatro, en la que se ensamblan de manera tan natural, tan coherente, tan armoniosa estilos diversos, incluyendo en la fachada rasgos del neogriego. El exterior es imponente pero no grandioso. “Sin tener aspecto de masas colosales, demasiado severas, que solamente convienen a edificios destinados al culto político religioso –escribe Meano– él se presentará con aspecto simple y variado, alegre y majestuoso a la vez. Nuestro edificio tendrá el privilegio de indicar a primera vista su propio destino.”

Características generales del edificio
El edificio está ubicado en el predio delimitado por las calles Libertad, Arturo Toscanini, Cerrito y Tucumán, entre la Plaza Lavalle y la Avda. 9 de Julio. El terreno sobre el cual está construido abarca 8.202 metros cuadrados, de los cuales 5.006 corresponden al edificio y 3.196 a dependencias bajo nivel de la calle Arturo Toscanini. La superficie total cubierta del edificio es de 37.884 metros cuadrados. Las fachadas están divididas en tres órdenes arquitectónicos. El primero, que corresponde a la base, es de 8,50 metros de altura; el segundo mide 9,20 metros, y el tercero es de 5,50 metros. Por encima de las terrazas se destaca un elegante techo a dos aguas. Es un conjunto armónico y con excelente perspectiva que puede apreciarse a distancia, desde la Avda. 9 de Julio. Distintos accesos facilitan el tránsito de los espectadores. Por la entrada principal, sobre la calle Libertad, se ingresa a la platea y a los palcos. Por Arturo Toscanini, a los niveles de cazuela y tertulia, y por Tucumán a galería y paraíso. Dos importantes marquesinas fueron colocadas después de su inauguración; una en la entrada de Libertad y otra en la de Cerrito. Esta última destinada al ingreso de los artistas y del personal. En la construcción –exquisitamente decorada– se conjugan elementos del Renacimiento italiano. Basamentos sobrios, bien definidos, semejantes al orden ático-griego que constan de planta baja y primer piso; intercolumnios monumentales –con capiteles jónicos y corintios– y sus multiformes variantes unifican los pisos segundo y tercero; los vanos y aberturas están tratados con arcos, arquitrabes y molduras del más rico diseño. No se puede hablar de un estilo definido, sino de un estilo ecléctico que fue propio de la construcción de principios del siglo XX.


Texto tomado de la web oficial del teatro.


A+BAIRES

jueves, 15 de marzo de 2007

CATEDRAL DE BUENOS AIRES



LA CATEDRAL METROPOLITANA


La primera catedral estaba cerca del río en el solar de Juan de Garay y cuando el fundador de la ciudad falleció quedo abandonada.
El obispo Fray Alonso Guerra manda a 50 soldados a levantar con sus propias manos un templo, fue puesto en advocación de la santísima trinidad, como la primera catedral. Los malos materiales hicieron que se demoliera. La ciudad se quedó sin iglesia ni sacerdotes.
En 1603 se comenzó otra edificación de adobe y tejas, que carecía de ventanas y puerta. Cuando llego el primer obispo, Fray pedro de Carranza desde Sevilla, vió la catedral y dijo que era “chica como una nuez” e “indecente, que carecía de ornamentación, mal frontal...”. y así hasta 1755 la catedral fue construida unas 10 veces ya que derrumbes y demoliciones obligaban a realizar nuevas edificaciones. Se agotaban los fondos de la obra y se robaban los materiales, ya que quedaban a la intemperie. La catedral no contaba con frontis ni torre, pero aun así tenia finos ornamentos y materiales nobles como sillas de terciopelo.
La construcción de la fachada es de Prospero Catelín, se basó en el frontis del Palacio Borbón (Paris).
Recién en 1821 El frontis (todavía de tímpano ciego), el pórtico, el antis elevado del nivel y las columnas de fuste liso con capitel corintio pertenecen al estilo neoclásico francés.
Las doce columnas representan a los 12 apóstoles de Cristo.
En 1846 le cayó un rayo al edificio y se debieron hacer nuevas reparaciones. Nuevamente la catedral estaba en ruinas, Juan Manuel de Rosas la manda a restaurar, mientras, el culto pasó al templo de San Ignacio.
En 1860 se dispuso a terminar la fachada, se pensó colocar un relieve en el tímpano.
El proyecto perteneció a Pierre Benoit, excelente pintor e iconógrafo, aunque el no realizó la obra. Pensó que se podría representar un pasaje del génesis 46.26 que representa la reconciliación entre la familia de Jacob y su hijo José, dividida por el egoísmo y la envidia de sus hermanos. Domingo Faustino Sarmiento dió el si para conmemorar la unión entre unitarios y federales. La composición es simétrica y se adapta al marco del encierro en este caso, triangular, para ello ha dispuesto a las figuras arrodilladas o reclinadas de acuerdo al espacio con el cual el disponía.

jueves, 1 de marzo de 2007

Edificio del Cabildo de Buenos Aires


La palabra cabildo proviene del latín “capitulum” que significa “a la cabeza”.
El cabildo era una institución que debía estar a cargo de todas las necesidades de los habitantes. Desde cuidar la educación de los menores hasta la limpieza de la ciudad.
Como no había piedra en esta zona, las paredes del cabildo se hicieron con tierra y el techo con cañas/ totora. Al ser una construcción inestable para albergar mucha gente, los cabildantes se reunían en sus propios domicilios.
Juan de Garay había dispuesto que el cabildo sea la Casa de las leyes ytambién la cárcel. Por el mismo problema del material, los delincuentes eran alojados en los domicilios de los cabildantes.
Recién 28 años después, el alcalde Manuel Frías propone edificar un nuevo cabildo en el año 1608. La construcción fue hecha por los nativos de la ciudad, con barro y tejas. Y fue terminada cinco años después.(1613).
Esta edificación no se mantuvo en buen estado, los cabildantes debieron volver a reunirse en sus casas.
Se resolvió hacer una nueva construcción, que sufrió varias remodelaciones. Hasta que en 1725, Andrés Blanqui ,un jesuita de Roma, comienza la construcción ajustándose al tipo de casa cabildo y cárcel de España.
Construyó en la fachada principal un pórtico en la planta baja y una galería abierta con once arcos de medio punto.
El edificio consta de dos plantas en forma de U. En el piso bajo, se ubicaban las oficinas de los cabildantes, las habitaciones de la servidumbre y las celdas para los presos. En la parte superior, la sala capitular para evitar que los tratado se escuchara.
Para “coronar” el edificio se le agregaron diversos elementos, que fueron reemplazados o modificados con el pasar de los años.
En un principio se colocó una torre cuadrada, luego se le agregó un reloj español y se azulejó.
Más tarde, se le agregó una campana llamada “nuestra señora de la concepción”.
Luego se agregaron dos campanas más y un reloj nuevo, se elevó la torre y se colocaron vidrios en la cúpula.
En 1889 comenzó el recorte de las arcadas del edificio, con la orden de Don Torcuato de Alvear, para abrir una avenida que partiera de la plaza. Se demolieron tres arcadas.
En 1931, se perdieron otros 3 arcos, cuando se abrió la Diagonal Sur o avenida Julio Argentino Roca, y se convirtió en ochava.
Finalmente, Mario Buschiazzo construyó la antigua torre nuevamente pero más baja, para estar más equilibrada con el resto del edificio. Se colocó un reloj similar al que había.
El 12 de octubre de 1940 se inauguró la totalidad del edificio.
Actualmente, el edificio funciona como museo histórico del cabildo.
La custodia del edificio esta a cargo de los Patricios, regimiento formado por criollos en 1806 por orden de Santiago de Liniers, después de lograrse la reconquista de la ciudad.
Se hacen visitas guiadas.
saludos
FLOR

sábado, 24 de febrero de 2007

PALOMAS DE PLAZA DE MAYO


Una de las aves más características de esta plaza es la paloma. Se cuenta que en las cercanías vivía un hombre llamado Don Benito Costoya, jubilado, que se entretenía criando y adiestrando palomas. Llegó a reunir unas 5000 palomas de distintas especies. Usaba un silbato y de acuerdo a como lo hacía sonar, las palomas bajaban a comer o lo seguían.
Se le ocurrió usar su hobby para ganar algún dinero en las festividades. El venia a esta plaza y realizaba su espectáculo obteniendo buen dinero de parte de los espectadores.
Para las festividades patrias contribuía a los actos con suelta de palomas pintadas de celeste y blanco o de otros colores dependiendo la ocasión. Al morir su cuidador, las palomas acostumbradas a estar siempre por esta zona se quedaron en la plaza.


Visiten mi fotolog personal




saludos


FLOR



Para visitas guiadas consultar.

miércoles, 14 de febrero de 2007

Plaza de Mayo


Imagen: gráfico de la antigua división de la plaza.
PLAZA DE MAYO

(Plaza fundacional)

Barrio de Montserrat


La plaza no siempre tuvo este nombre, en principio se la llamó Plaza Mayor (aunque era la única que había), más tarde se la dividió en 2 plazas por una recova.
Una recova era una edificación en la que se concentraban varios locales. Allí vendían los bandoleros que traían las mercaderías directamente desde el puerto por un callejón que se encontraba en el medio de la actual casa de gobierno.
A la plaza que daba hacia el fuerte se la llamo “Plaza del Fuerte” y a la plaza que daba hacia el Cabildo se la llamo “Plaza del Mercado”.

Para la época de 1806 y 1807, luego de las invasiones inglesas, la plaza que da hacia el cabildo cambia su nombre de plaza del mercado a “plaza de la Victoria”. La que da al fuerte conservó su nombre.
Una de las familias más adineradas de Buenos Aires, la familia Anchorena compra la recova, pero como a Don Torcuato de Alvear no le gustaba la mandó a tirar mientras que la familia Anchorena no estaba, en el año 1912.(Una edificación que tardó 9 meses en construirse y funcionó 80 años, se demolió en 9 días)

Cuando los Anchorena volvieron Don Torcuato de Alvear debió indemnizar a la familia y se dice que con esa dinero construyeron su Palacio(actual palacio San Martín). Así la plaza se unió y por los acontecimientos del 25 de mayo de 1810, se decidió ponerle su nombre actual.


Esta plaza fue ,y aun continua siendo, escenario de diversas manifestaciones populares y protestas. Si caminan por la plaza, podrán observar diferentes inscripciones en el piso, de las más recientes protestas. Las únicas figuras pintadas que no se remueven son los dibujos de los pañuelos blancos de las Madres de plaza de Mayo.





jueves, 8 de febrero de 2007

La fundación de la Ciudad de Buenos Aires (la historia más "verdadera")



En el año 1536 un español llamado Don Pedro de Mendoza, viaja hacia América con la intención de fundar una ciudad.
Al llegar a la boca del Riachuelo le dió el nombre de Puerto de Santa Maria del Buen Ayre; el nombre se debe a que había hecho una promesa a la virgen Italiana del “Bonaire”.

Este asentamiento no prospero ya que la resistencia de los nativos hizo que los españoles se marcharan. Don Pedro de Mendoza murió en el trayecto de regreso a España debido a la enfermedad que padecía.
Su asentamiento no se considera fundación ya que no cumplía con las leyes fundacionales de Indias, las cuales obligaban al fundar una ciudad, determinar un territorio para la plaza mayor, La cual debía estar rodeada de la casa de las leyes (Cabildo), la casa de Dios (Catedral) y la casa del gobernador o fuerte (Casa Rosada).


44 años después, Juan de Garay pisa estas tierras con la orden de abrir caminos, fundando aquí el 11 de junio de 1580, la Ciudad de la trinidad en el puerto de Santa María del Buen Ayre. Su nombre se debe a que el día que llego (29 de mayo) era domingo de la Santísima Trinidad.
Juan de Garay mantuvo el nombre del puerto que le puso Don Pedro de Mendoza. La importancia del puerto, el tiempo y la costumbre hizo que el nombre se acortara desde “ciudad de la Santísima Trinidad en el puerto de Santa María del Buen Ayre”, a “Buenos Aires”.
Esta si se considera fundación porque cumplía con las leyes de Indias, estaba la plaza, se construyeron los edificios y el acta fundacional fue colocada en el rollo de la justicia en el medio de la plaza mayor. Este rollo de la justicia era un tronco de árbol de roble, pero como en esta zona no había robles, se trajo en barco desde Paraguay un tronco y al mismo se lo coloco en la plaza, con el acta fundacional, clavada por un puñal y enmarcada en una ceremonia.
La función del rollo era ajusticiar a quienes no cumplían con la ley, allí se los ahorcaba. Este rollo se conserva hoy en la terraza de la Casa de Gobierno.
Se considera que la fundación fue un sábado a las 10.00 de la mañana por el cuadro “La fundación de Buenos Aires” de José Moreno Carbonero que se encuentra hoy en el Palacio de Gobierno. Se determinó el horario por la posición en que las sombras están proyectadas por el sol.